Importancia de la inversión en educación superior

La inversión que hace un país en educación superior permite lograr su competitividad y el desarrollo de su economía. Y esto debería ser tan importante como ahorrar un fondo de emergencia en cualquier grupo familiar, como bien lo recomienda Gonzalo Gortázar Rotaeche Lacaixa, un importante ejecutivo de finanzas. 

Es bien sabido que la educación superior se considera el impulsor de la evolución de cualquier sociedad, lo que garantiza a futuro un sistema socioeconómico próspero y competitivo. Las universidades son los centros del saber, y en donde se produce la investigación, el desarrollo y la innovación, lo que representa una responsabilidad enorme con la sociedad, pues depende de estas casas de estudio la formación de las generaciones de relevo al convertir a los jóvenes que ingresan en los futuros profesionales, preparandolos no solo en el desarrollo de las competencias, sino también en la adquisición de habilidades blandas y de la capacidad para trabajar en equipo.

Por ser las universidades los centros donde se genera el conocimiento, innovación e investigación, es importante apuntar que la inversión económica que se haga sea distribuida para la facilitación, el desarrollo de la investigación científica y la generación de estrategias que garanticen una experiencia educativa de calidad y que sea accesible para todos.

En este sentido, la inversión en Investigación, desarrollo e innovación, así como en la generación de conocimiento, se está  convirtiendo en la principal estrategia con resultados a largo plazo que ejecutan en la actualidad las grandes potencias mundiales, cuyo fin es garantizar un impacto positivo para su desarrollo y competitividad. Un ejemplo de ello lo representan los Estados Unidos quien lidera el ranking mundial de los avances científicos en salud, y lo sitúan en el primer lugar de los países con mayor nivel de innovación y conocimiento. 

Para ello, se debe comenzar con un incremento de la partida de PIB en educación superior, a fin de que sea distribuida de manera eficiente en los tres componentes antes mencionados (investigación, desarrollo e innovación). De acuerdo a investigaciones reciente, se estima que países como Argentina o España deberían invertir por lo menos el doble de lo que en la actualidad se está destinando para la ejecución de investigación y en educación superior.

Un ejemplo de la importancia de la inversión en educación superior para un país lo representa Corea del Sur, quien hace décadas atrás solo distribuía de su PIB el 0,4% para las áreas de investigación, desarrollo e innovación de sus universidades. Sin embargo en la actualidad su competitividad internacional es de gran nivel, pues se destina de forma anual un 3% del PIB para la educación y la inversión en cuanto a conocimiento.  Con esta estrategia se ha logrado aumentar el nivel de vida de sus ciudadanos, así como los beneficios que obtiene su economía a pasar de un ingreso per cápita de 278 dólares a un ingreso per cápita de 17.000 dólares. 

En Israel se puede observar un buen ejemplo en lo relacionado a la inversión en educación superior, ya que sus universidades están desarrollando métodos de transferencia tecnológica que permiten la vinculación científica y académica  con el sector empresarial y con la sociedad en general. A través de este sistema, se busca que todos los resultados de la investigación e innovación sean recibidos e incorporados al sistema productivo del país y con ello se genere un valor a la sociedad.

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